Historias de Padres de Chicos Gays

Jim Lokken escribe:

Me gustaría compartir con vosotros un poco de historia, y un testimonio.

Dos congregaciones de la Iglesia Evangélica Luterana de San Francisco han sido expulsadas de esa denominación porque ordenaron a un hombre gay y a una pareja lesbiana que no fueron aprobadas para la ordenación por la ELCA. La ordenación se consumó el 20 de Enero de 1990.

Los tres eran graduados cualificados en Seminarios Luteranos y no fueron aprobados porque no ocultaban públicamente que son gay o lesbianas y no iban a cumplir con la abstinencia de relaciones homosexuales a la que obliga ahora la política actual de la ELCA. Las dos congregaciones fueron acusadas de violar la constitución de la ELCA que obliga a sus congregaciones a ordenar sólo a clérigos aprobados por la ELCA.

Lo que sigue es un extracto de el testimonio ante el Comité de disciplina de la ELCA en San Francisco, el 7 de Julio de 1990.

El autor era director del Centro de Estudios Teológicos y profesor en el departamento de religión de la Universidad Luterana de California de Thousand Oaks. Cuando esto fue escrito, era también sacerdote de la Iglesia Luterana de St. Matthew, North Hollywood, Calif. Desde entonces fue elegido Obispo de California del Sur, sínodo de la Iglesia Evangélica Luterana en América.

LA HISTORIA DE UNA FAMILIA

Por Paul W. Egertson, Ph.D.

¿Qué dices después de que alguien a quien quieres te dice "Soy gay"? Esta es la pregunta que nuestra familia encaró hace una década cuando el mayor de nuestros seis hijos nos contó a mí y a su madre que es homosexual. Esta es la cuestión que la familia de fé ELCA encaró recientemente porque tres hombres jóvenes cuya integridad personal no les permitía hacernos saber su orientación sexual durante el proceso hace su ordenación. Esa es la pregunta que muchas familias congregacionales tendrán que encarar en el futuro a medida que más y más de sus miembros gays y lesbianas tengan el coraje de compartir públicamente lo que han sabido que es cierto durante años.

Comparto la historia de nuestra familia aquí, no porque sea única, sino porque es un típico recuento de como los padres responden al descubrimiento que aman y admiran, es gay. La publico con el ruego de que sea no solo de ayuda para otras familias, sino también para nuestra familia eclesiástica a medida que buscamos un punto donde estar en relación a una realidad que no se marchará.

Etapa 1: Negarlo

Mirando atrás podemos ver seis Etapas en el camino que hemos viajado. Tras oir la noticia que nuestro hjijo nos trajo, nuestro primer paso fue *negarlo*. En realidad, sabíamos muy poco sobre la homosexualidad en aquella época. Después de todo, ¿qué había que saber? Dios creó a la gente macho y hembra con el propósito de reproducir la raza humana y proveyó el matrimonio como el ajuste propio para ello. La actividad sexual entre gente del mismo sexo era obviamente una distorsión de la naturaleza prohibida tanto por la sagrada escritura como por el sentido común. ¿Qué más necesita saber uno además de eso?

Sabíamos muy poco sobre la homosexualidad, sabíamos bastante sobre nuestro hijo. No era como nosotros pensábamos que son eran los homosexuales en absoluto. Había sido un hijo que había dado gusto educar: brillante, con talento, autodidacta y autodisciplinario, honesto y ético con los fallos, amable y cuidador de otros. Se graduó con matrícula de honor en la escuela y con alta matrícula de honor en la Universidad Luterana de California. Aparte de eso, era un hombre jóven devotamente cristiano, que planeaba entrar en la orden como su abuelo y su padre hicieron antes de él, no en respuesta a una presión por mantener la tradición de la familia, sino por un sentimiento profundo de llamada de Dios. En otras palabras, era un chico tan perfecto como cualquier padre Cristiano podría desear, en un mundo en el que nadie es perfecto. Si pensaba que era gay, él debía de estar simplemente pasando por alguna fase de alguna clase y "cuando la chica correcta se cruce en su camino" él lo dejará de pensar. Mientras eso sucede, mejor nos lo quitamos de la cabeza y no nos preocupamos.

Etapa 2: Explicarlo

Cuando ya no podíamos negarlo más, buscamos *explicarlo*. ¿Cómo este buen joven hombre se podía haber vuelto gay? ¿Qué lo causaba? Nuestro estado de ignorancia era tal que sólo dos opciones parecían posibles: o bien él había elegido ese estilo de vida en contradicción a la naturaleza y el deseo de Dios, o su madre y yo, con nuestra educación, habíamos contribuído sin saberlo a un desarrollo pervertido de su sexualidad. Bien su madre le había hecho así con su suave amor, o yo había sido un padre débil, inefectivo y/o demasiado ausente. Puesto que no podíamos convencernos de que este chico tan ético pudiera haber elegido tal estilo de vida, deducimos que el fallo estaba en nuestra incompetencia como padres. Exploramos esa explicación durante un tiempo, pero no podíamos ver realmente donde había estado el fallo en este caso. Así que seguimos en la búsqueda de nuevas explicaciones. En este punto comenzó nuestro proceso de educación.

Aprendimos que hay varias teorías sobre las causas de la homosexualidad; que se contradicen unas a otras; que ninguna de ellas está suficientemente demostrada como para producir un consenso; y que la única verdad de momento es que *nadie sabe realmente*. La realidad es que a través del tiempo, en las naciones, razas, culturas y clases un porcentaje significativo de la población es homosexual y que no puedes echarle la culpa a nadie.

Etapa 3: Arreglarlo

Como no podíamos negarlo ni explicarlo, entonces intentamos *arreglarlo*. Había dos opciones abiertas: intervención divina o terapia psicológica. Como devoto Cristiano que sabía desde la infancia que algo era muy diferente en él y que sospechó que su diferencia era algo inaceptable para dios, nuestro hijo se había dedicado a rezar y confiar en la gracia y el poder de Dios. Los predicadores decían que Dios quería a toda la gente incondicionalmente y que podía cambiar a las personas que fueran hacia él con el corazón roto y arrepentido. Así que durante años, noche tras noche en la privacidad de ru armario, llevó su corazón roto y arrepentido a un trono de gracia. Pero dios no le cambió. ¿Significa esto que era tan defectuoso que ni siquiera un Dios misericordioso le quería? ¿Qué explicación sino le puede dar una mente de adolescente? (¡Cuidado, Predicadores! Alguna gente se cree lo que decís.)

Puesto que la intervención divina falló, quizás la terapia psicológica podría tener éxito. Así que lo intentamos, descubriendo que la mayoría de los psiquiatras y psicólogos ya hacía mucho que habían concluido que la homosexualidad no es una enfermedad y que ningún tratamiento conocido podía cambiarla. El comportamiento homosexual puede ser cambiado condicionando hacia el celibato, pero la orientación afectiva interna de los homosexuales no se cambia. Y este era dilema para nosotros, puesto que la actividad sexual no era el problema. En un breve plazo, no había posibilidad de arreglarlo. Lo mejor que puede hacer esa terapia es ayudar a aceptar a los gays y lesbianas la realidad de su ser, antes de que la verguenza impuesta por la sociedad y el dolor personal les lleve a la locura, la bebida, las drogas o la muerte por suicidio, todo lo cual le ocurre diariamente a numerosas en nuestro mundo.

Etapa 4: Evitarlo

Cuando no puedes negarlo, explicarlo o cambiarlo, la única cosa que puedes hacer es *evitarlo*. Los padres tienen dos opciones en este punto, y las dos implican una forma de muerte. Puedes elegir la muerte que supone el rechazo y la separación de tu hijo. Puedes decir: "Si así es como eres, no eres mi hijo". Puedes cortar las relaciones como si el hijo nunca hubiera nacido o como si el hijo hubiera muerto. Es una opción que muchos padres han tomado y una opción que muchas congregaciones han dado como repuesta a sus miembros lesbianas y gays. Pero francamente, eso nunca fué una opción para nosotros, porque no nos podíamos creer que este hijo que conocíamos tan bien fuera de alguna manera una persona pervertida.

La otra opción es sufrir la muerte de tu propia ignoracia, tus prejuicios, opiniones, actitudes y malentendidos. Entonces evitas la pérdida de una visión del mundo bonita y limpia en la cual todo encaja muy bien en cajas de blanco y negro, verdadero o falso, correcto e incorrecto. Y evitas la pérdida de seguridad que te daban unos cuantos pasajes de la biblia que te pueden decir quien es quien para que no tengas que tener la responsabilidad de juzgar.

También con estas pérdidas va la muerte de tus esperanzas y sueños de felicidad ordinaria para tu hijo, particularmente la que viene a través de las felicidades del matrimonio, los hijos y una vida aprobada por la familia, amigos, iglesia y sociedad. Y en el caso de nuestro hijo, hay la posible muerte de cualquier esperanza de ordenación para la cual él siempre se ha sentido llamado por Dios, a no ser que quiera sacrificar por ello todas las experiencias de amor humano expresadas a través de la intimidad física.

Durante la etapa de evitarlo, su madre y yo nos dimos cuenta lo cerca que estábamos de cambiar el enfoque de la lucha de nuestro hijo, por la nuestra propia. Esta forma final de muerte para los padres es reconocer que su dolor es secondario al de su hijo y apoyar a esa vida que trajeron al mundo. Cuando eso nos ocurrió a nosotros la pregunta fue " ¿Cómo está llevando él las cosas en cuanto a su propia vida, salud y felicidad?" Es su problema, no nuestro. No nos necesita para que incrementemos su lucha, haciendo el problema nuestro y mirando entonces hacia él para que nos de una solución.

Etapa 5: Aceptarlo

Cuando llegó al momento en que pudo aceptar la realidad de su orientación sexual, fuimos capaces de avanzar un paso y *aceptarlo*. Fue entonces cuando nos acordamos de una versión de la Serenity Prayer: "Dios, danos la serenidad de aceptar lo que no puede ser cambiado, el coraje para cambiar lo que puede ser cambiado, y la sabiduría para conocer la diferencia."

Para nosotros esto ha supuesto la aceptación de algo en el ser de nuestro hijo que ni él ni nosotros hubieramos elegido, algo que ni él ni nosotros podemos cambiar. Más que eso: ha supuesto buscar el cambio en esas cosas que pueden ser cambiadas, que son las actitudes hacia la homosexualidad y su descomprensión, que todavía dominan tanto en la Iglesia como en la sociedad. Nos hemos dado cuenta que el mayor problema en ser gay no es el hecho de serlo, sino la reacción de los heterosexuales hacia ello. Y queremos unirnos a esos que buscan la forma de terminar con este dolor en nuestro mundo.

Como padres, estamos muy agradecidos a los sacerdotes y miembros de la St. Francis Lutheran Church de San Francisco, donde nuestro hijo experimentó la reconciliación tanto en palabra como en acto a través de la cual el Espíritu Santo le ha mantenido "unido con Jesucristo en la fé verdadera". Es nuestro ruego que cada padre Luterano o hijo gay o lesbiana pueda tener algún día la seguridad de que sus hijos encontrarán esa misma aceptación en cualquier congregación Luterana a la que vayan.

Etapa 6: Celebrarlo

En este cruce en nuestro viaje estamos en el proceso de tomar la sexta y última etapa: *¡celebrarlo!* Puede ser que todavía no estemos del todo en esta etapa, pero nuestro esfuerzo está claramente orientado a ello. Dónde termines tu viaje depende de lo que creas que es la homosexualidad. ¿Con qué puede ser comparado? Tu respuesta a esa pregunta te determinará finalmente el sitio en el que estarás.

Por lo menos cuatro opiniones a considerar:

Primero, puedes decir que la homosexualidad es una rebelión consciente y desafiante en contra de las leyes de Dios y la naturaleza. En ese caso es simplemente un pecado y nuestra respuesta es que Dios juzgue, que ofrezca misericordia y hacemos una llamada al respeto. ¿Pero realmente es eso la homosexualidad?

Una segunda opción es decir que la homosexualidad es una enfermedad como el alcoholismo, donde el comportamiento trae la unión hacia una adicción que únicamente se puede solucionar con la abstinencia total. Si ese es el caso, entonces el celibato es claramente una solución clara al problema. ¿Pero realmente es eso la homosexualidad?

Una tercera opción es decir que la homosexualidad es una desgracia natural, nunca pretendida por Dios y contraria a su deseo, pero sin embargo eso es algo que pasa a menudo en nuestro mundo. En ese caso, es como el retraso mental, algo de lo cual la víctima no es responsable, que no puede ser cambiado, pero algo para lo que nunca podemos llamar a dios. Si realmente la homosexualidad es eso, entonces, ¿no debieramos tratar a los homosexuales con la misma compasión y entendimiento con la que tratamos a otros que inocentemente sufren como víctimas de un mundo roto? ¿Entonces no debieramos hacer leyes especiales para ellos, para que la vida fuera tan buena dentro de los límites posibles de su deformidad? Cuando la gente no tiene pierdas, se les dan sillas de ruedas en sustitución y se ponen sitios especiales para aparcar que están prohibidos para otros pero permitidos para que ellos los usen. ¿Podríamos proveer a los homosexuales de una estructura similar para el matrimonio que les permitiera el desarrollo personal que viene a través de relaciones de compromiso santificadas? ¿Pero realmente es eso la homosexualidad?

Finalmente, nosotros diríamos que la homosexualidad es una de las variedades de la naturaleza. Una de esas maravillosas diferencias que regularmente aparecen a la norma ordinaria. En ese caso, es como ser zurdo. Una condición minoritaria en un mundo en el que la mayoría de la gente es diestra y algunos ambidiestros. Simplemente una variación natural que tiene su propia contribución a la completitud del mundo. Hubo un tiempo en el que la gente consideraba a los zurdos tan desviados que estimaban que había que castigarlos o cambiarlos. Pero tratando forzar ese cambio, descubrimos la misma cosa que ahora descubrimos con la homosexualidad: los intentos de cambiarla no la cambian sino que causan problemas aún más serios. Una vez que las cosas se aclararon con respecto a los zurdos, nos vimos libres para descubrir los posibles beneficios que ofrecen al mundo. Los equipos profesionales de béisbol, por ejemplo, los valoran mucho. En realidad no puedes ganar un campeonato sin algún zurdo. ¿Es eso lo que la homosexualidad es? Si es eso, enonces podemos celebrarla como un regalo de Dios. Desafortunadamente, de momento no hay expertos que puedan contestar a nuestras preguntas o decirnos cuál de las anteriores opciones es la cierta. Todo lo que podemos hacer es digerir la mejor información disponible de los estudios científicos y buscar en las escrituras lo que dicen y lo que no dicen, rogando que el Espíritu nos llevará a todos hacia la verdad. Mientras tanto, todos caminamos con la fé y sin riesgo. Cada uno de nosotros hará su apuesta y será responsable de ello. En lo que respecta a mí y a mi casa, estamos apostando por la *celebración*. Preferimos confundirnos ayudando a la gente dolida que haciendo daño a gente sin ayuda. Que Dios tenga misericordia.

Jim Lokken, St. Francis Lutheran Church, San Francisco


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Revisado 3/16/96